Skip to content

Suburbio

17 11 2007

El poder social del suburbio

«[…] Hoy la cultura lo hace todo semejante. Cine, radio y revistas constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí mismo y todos entre ellos. Las manifestaciones estéticas, incluso de posiciones políticas opuestas, proclaman del mismo modo el elogio del ritmo del acero. Los edificios decorativos de las administraciones y las exposiciones industriales apenas son diferentes en los países autoritarios y en los demás. Las monumentales y resplandecientes edificaciones que se elevan por todas partes representan la lógica e indefectible regularidad de los grandes consorcios multinacionales a la que ya tendía la iniciativa empresarial libre de trabas, cuyos monumentos son los sombríos edificios de viviendas y oficinas de las inhóspitas ciudades. Las casas más antiguas en torno a los centros de hormigón aparecen ya como suburbios, y los nuevos bungalows y adosados en la periferia de la ciudad proclaman ya, como las frágiles construcciones de las ferias internacionales, la alabanza del progreso técnico, e invitan a tirarlos tras un breve uso, como las latas de conservas. Pero los proyectos urbanísticos, que se supone deben perpetuar en pequeñas viviendas higiénicas al individuo como ser más o menos independiente, lo someten tanto más radicalmente a su adversario, el poder total del capital. Como a sus habitantes se les hace ir al trabajo y el entretenimiento, es decir, como productores y consumidores, a los centros, las células-vivienda cristalizan en complejos bien organizados. La manifiesta unidad de macrocosmos y microcosmos muestra a los hombres el modelo de su cultura: la falsa identidad de universal y particular. Bajo el monopolio, toda cultura de masas es idéntica, y su esqueleto, el armazón conceptual fabricado por aquel, comienza a destacarse. Los dirigentes ya no están tan interesados en esconderlo; su poder se refuerza cuanto más brutalmente se declara. El cine y la radio (la televisión) no necesitan ya presentarse como arte. La verdad de que no son sino negocio la utilizan como ideología que debe legitimar las bagatelas que producen deliberadamente. Se llaman a si mismos industrias, y las cifras publicadas de los sueldos de sus directores generales acaban con toda duda respecto a la necesidad social de su productos.»

Theodor W. Adorno

17 11 2007

Untitled

imagefile12.jpg

Robert Gober

19 11 2007

Modos de exclusión (I)

[…] Pierre Bourdieu, algo más joven que Foucault y compañero de generación intelectual, explicaba cómo las grandes rupturas simbólicas no habían nunca formado parte de su humor. Esta tentación, decía, interpelaba sobre todo a los jóvenes intelectuales que tenían que ajustar cuentas con sus familias burguesas de origen. Sin embargo, la experiencia de la ruptura se encuentra tanto entre los intelectuales de origen social popular como entre los intelectuales homosexuales de origen social acomodado. Cierto que bajo una modulación distinta. […]

La vida ascendente de un niño procedente de las clases dominadas tiene como contrapartida una personalidad en desequilibrio interno que en ocasiones roza lo patológico. El “becario”, tal y como lo retrata Richard Hoggart, está en el centro de dos culturas sin acabar de sentirse relajada en ninguna de ellas. Tal riqueza en antítesis puede ser, como argumentaba Nietzsche, fuente de fecundidad, pero también de desequilibrio y parálisis. Carente de familiaridad con la cultura escolar, fundamentalmente cuando ésta se encuentra invadida por reglas de comportamiento procedentes de otra clase social, los éxitos académicos del becario se ven acompañados por un cambio continuo en su cadena de identificaciones. Subir socialmente exige un abandono constante de los modelos referenciales disponibles en su entorno social. Los modelos, para individuos cuya identidad se forja gracias al aprobado en los exámenes y a las palabras amables de la institución escolar, deben buscarse más arriba, siempre más alto. Así se explica por qué la biografía de un intelectual procedente de la clases trabajadora se encuentra transitada por una continua elección y un progresivo abandono de personajes tutelares. Sin ellos, resulta imposible adquirir el saber —que sus colegas procedentes de las clases dominantes recogen en la simple ósmosis familiar— con el que desenvolverse en un medio extraño. Estos personajes tutelares “permiten al niño y luego al adolescente, ajustar y revisar sus ambiciones y exigencias, fijarse puntos de referencia y objetivos y adquirir así un mínimo de seguridad, encontrando un punto de apoyo para su buena voluntad cultural”. Uno de los principales hándicaps psicológicos de los becarios respecto de los “herederos” es que deben, de algún modo, cambiar muchas veces de superyó y comenzar por intentar liberarse de los modelos primitivos que les designa su medio de origen, que taponan su horizonte imponiéndoles una definición vernácula de la excelencia. Primero, explicaba Hoggart, el becario renuncia a la socialización masculina del grupo de colegas. El padre y los referentes masculinos quedan pronto disminuidos en una biografía que se teje al dictado de las evaluaciones profesorales. Ello no evita que la clase de la que se huye deje de estar presente: así se lo recuerda el contacto con los jóvenes procedentes de otros lugares del espacio social por medio de la ropa, la forma de hablar, la seguridad del que se siente elegido (las invitaciones entre los iguales, los favores no pedidos ni recibidos)… Así lo sabe, también, cuando tiene que regresar a su origen popular y debe olvidar unos temas y unas maneras de expresión que resultan ininteligibles cuando no ofensivos por su pretensión. Una suerte de sentimiento de traición respecto a su mundo de origen acampa en la conciencia del “becario”: sin duda, de ese sentimiento de traición nace una melancolía permanente que ensombrece la biografía de muchos desclasados de origen popular. La doble vida recuerda tanto la presencia del pasado rechazado como la distancia del futuro anhelado. La ansiedad característica del advenedizo, siempre alerta ante el menor movimiento de un mundo académico extranjero cuya lengua, como el inmigrante, solo comprende a medias, pueden delatarse tanto en el gusto maníaco por la proeza intelectual como por la servidumbre sumisa ante el menor suspiro del personaje que lo tutela.

José Luis Moreno Pestaña

20 11 2007

La voz propia

[…] la dificultad de encontrar una voz intelectual propia o, lo que es lo mismo, de convertir la subjetividad en algo comunicable, (es) algo que los intelectuales de origen popular sufren por una suerte de desconfianza respecto de sí mismos […]

José Luis Moreno Pestaña

20 11 2007

El propio suburbio

tale92.jpg

kiki smith

«Una gran ascesis husserliana me ha conducido a países tan extranjeros y tan inesperados que ignoro si podré respirar aquí. Después de dudar entre convertirme en monje y tomar por los senderos de la noche, decidí hacer un esfuerzo para vivir aquí. Pero me encuentro todavía en los primerso movimientos respiratorios»

Michel Foucault

27 04 2008

Para suburbios

limosna para los suburbios

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: