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Personae

10 10 2007

Persona

Esta palabra se aplica a todo individuo de la especie humana.

El origen más remoto de la palabra persona es el griego prósopon (aspecto) de donde pasó al etrusco phersu, con el significado de ‘ahí’. A partir de esa voz, los latinos denominaron persona a las máscaras usadas en el teatro por los actores, y también llamaron así a los propios personajes teatrales representados.

Persona es pariente lejano de palabras de origen griego originadas en prósopon y sus derivados, tales como prosopografía y prosopopeya .

Es considerado vulgar el uso de ‘la persona’ con el significado de ‘uno, la gente’, según este ejemplo del siglo xv presentado por Corominas:

La naturalesa del diablo non es para fazer bien… e como falla la persona mudable más unos tiempos que otros, está presto para lo que llevar al su camino.

El vocablo latino se conservó en el portugués pessoa, en el gallego persoa, en el italiano persona, en el inglés person y también, aunque con otro significado, en el francés personne (nadie), entre otras lenguas.

Una memorable película de Ingmar Bergman, con Liv Ullman y Bibi Andersson, considerada la más osada y experimental de ese director sueco, se tituló Persona, en referencia a la acepción latina del término, que alude a máscaras y personajes.

11 10 2007

Ni hay sujeto del deseo ni hay objeto

Nosotros decimos lo contrario: el inconsciente, ni lo tenéis ni lo tendréis jamás, no es un «ello estaba» cuyo sitio debe ocupar el «Yo» (Je). Hay que invertir la fórmula freudiana. El inconsciente tenéis que producirlo. El inconsciente no tiene nada que ver con recuerdos reprimidos, ni siquiera con fantasmas. No reproducimos recuerdos de infancia, producimos, con bloques de infancia siempre actuales, bloques de devenir-niño. Cada cual fabrica o agencia, no con el huevo del que ha salido, ni con los progenitores que le asignan, ni con las imágenes que obtiene, ni con la estructura germinal, sino con el trozo de placenta que ha arrebatado y que siempre le es contemporáneo como materia con la que experimentar. Producid el inconsciente, la cosa no es nada fácil, ni se puede hacer en cualquier parte, ni tampoco con un lapsus, un chiste, ni tan siquiera con un sueño. El inconsciente es una sustancia que hay que fabricar, que hay que circular, un espacio social y político que hay que conquistar. Ni hay sujeto del deseo ni hay objeto. El sujeto de enunciación no existe. La única objetividad del deseo son los flujos. El deseo es el sistema de signos a-significantes con los que se producen flujos de inconsciente en un campo social. Que la educación del deseo se produzca en la célula familiar o en una escuela de barrio, poco importa, lo cierto es que siempre cuestionara las estructuras establecidas. El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos.

Gilles Deleuze

13 10 2007

El paisaje romántico

¿Cómo es posible que el paseo [¿romántico?] por el paisaje (urbano, en este caso) sea también un torbellino de sentimientos? ¿Dónde está el Yo, ese que sabe qué siente, qué desea? Pues ni siquiera es muy seguro decir que ese yo es la multitud de esos sentimientos que se superponen, se anulan, se niegan, se alteran, guerrean unos con otros. ¿Y si es cada vez uno de ellos y ninguno es verdad verdaderamente, o lo es, pero sin la contradicción de una lógica que, en cualquier caso, corresponde a la moral o la razón, pero no al afecto? ¿Es posible alguna consistencia que dé cuenta de un sujeto en estas circunstancias?

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Gerhard Richter

09 11 2007

El gozo

«Una vez terminado el libro, me he dado cuenta, sin embargo, de que ya no estaba preocupado por la cuestión de los límites disciplinarios ligados a la crítica cultural o filosófica. Aquello que, en cambio, requería toda mi atención, era el concepto de gozo, en el modo en que Deleuze lo retoma de Spinoza, pero que luego desarrolla hasta convertirlo en emblema de toda su obra. Gozo como el aumento de nuestra potencia de pensar y de hacer, junto con nuestra capacidad de experimentar afecto; gozo como el recorrido común de nuestro cuerpo con otros, que inventa nuevas relaciones y crea cuerpos sociales más dichosos; gozo como una lógica del ensamblaje. El gozo, así entendido, rebasa los márgenes de la filosofía, para invadir todo el plano político de la democracia y de la fraternidad. O mejor aún: el gozo, como plano de inmanencia absoluta, que se torna un modo de ser.»

Michael Hardt

21 11 2007

Intelligere

¿Qué significa conocer? ¡Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere! [¡Ni reirse, ni lamentarse, ni execrar, sino comprender!]

Baruch de Spinoza

11 12 2007

El camino de la interrogación

Hoy están en tela de juicio todas las certezas que heredamos y todos los valores por los cuales habíamos luchado […] no se trata de un juego: la interrogación se produce en el borde de un abismo desde donde se elevan el olor y los ruidos de la muerte. El dolor a veces se hace insoportable. Pero el único camino posible es el de la interrogación. […] Nos desplazamos del terreno moral —¿subiendo?, ¿bajando?— al terreno ontológico. En el trayecto nos esperan mitos, horrores, monstruos. “la duda y el terror consumen mi alma”, dice Job. La desarticulación de los caminos del Ser no simplifica las cosas. ¿Cómo puede guiarnos Job, si el Ser mismo es insensato? ¿Y cómo este último puede no serlo si la razón no nos ilumina y si nuestro dolor denuncia su eclipse?

Antonio Negri

19 03 2008

Desaparecido

Incluso después de liberado, al cabo de dos años de confinamiento psiquiátrico, soy, para una opinión que conoce mi nombre, un desaparecido. Ni muerto ni vivo, no sepultado aún, pero “sin obra”, esa magnífica expresión de Foucault para designar la locura: desaparecido. […] Un desaparecido hace correr a la opinión el riesgo singular de poder (como ahora es mi caso) reaparecer a plena luz del día […] “al pleno sol de la libertad polaca”.

Louis Althusser


13 05 2008

Resentimiento

En una entrevista concedida a Günther Gaus en 1964, Hannah Arendt ha descrito con estas palabras su reacción en el momento en que la verdad sobre los campos de concentración empezó a ser conocida en todos sus pormenores:

“Antes de esto, decíamos: está bien, tenemos enemigos. Es perfectamente natural. ¿Por qué no habríamos de tener enemigos? Pero lo de ahora era diferente. Era verdaderamente como si se hubiera abierto un abismo… Esto no debería haber pasado. Y no me refiero sólo al número de las víctimas. Me refiero al método, la fabricación de cadáveres y todo lo demás. No es necesario que entre en detalles. Esto no tenía que haber pasado. Allí sucedió algo con lo que no podemos reconciliarnos. Ninguno de nosotros puede hacerlo.”

[…] La impresión se acrecienta en las últimas palabras: “no podemos reconciliarnos con esto. Ninguno de nosotros puede”. (El resentimiento, decía Nietzsche, nace de la imposibilidad para la voluntad de aceptar que haya sucedido algo determinado, de su incapacidad para reconciliarse con el tiempo y con su “así ha sido”.)

Giorgio Agamben

05 09 2008

¿Qué autonomía?

Nunca he logrado poder participar de aquella idea del «sujeto autónomo» de la Ilustración. «El Yo no es más que un campo de batalla», me dijo un día un amigo. No está mal. Porque si el campo no es un combatiente sino el lugar pasivo en que las huestes se enfrentan en batalla y por cuyo dominio se pelean, ¿dónde está entonces el «sujeto autónomo» de la Ilustración? Un campo de batalla de cien heteronomías enfrentadas resulta, en cambio, una buena alegoría del único sujeto que conocen mis experiencias.

Atado al árbol como un San Sebastian, asaetado desde todas partes, atravesado por las flechas de toda una disparidad de heteronomías entrecruzadas, nada he podido nunca reconocer por mío ni distinguir como propio en mis entrañas que no fuese a la vez función y resultado de empeños exteriores, encarnizados en algún combate de quién sabe quién y contra quién.

Rafael Sánchez Ferlosio

06 10 2008

El concepto de “persona”

LLegado a este punto se impone otra tradición conceptual completamente diferente y nueva, y habrá que preguntarse hasta qué extremos ésta nos puede ayudar. Me estoy refiriendo a todo eso que guarda relación con el concepto de “persona”. Como se sabe, la palabra, así como la correspondiente griega de “prosopon”, designa la máscara del actor y, con ello, también el papel que el actor desempeña en el teatro ático y el papel de cada cual en el teatro del mundo. Lo mismo vale para su equivalente latino (“persona”). Desde aquí, el concepto de persona penetró en el lenguaje jurídico. Por otra parte, resulta comprensible que el concepto no designe la individualidad como tal, que en el ámbito jurídico interesa menos, sino el papel que, reducido a la dimensión jurídica, alguien ha desempeñado en el caso jurídico en cuestión. —Con todo, la historia del concepto de persona resulta muy ilustrativa. Su definición primera se encuentra en Boecio. Según éste, la persona es “naturae rationalis individua substantia“. Aquí se puede ver cómo la metafísica griega entró en la época helenística tardía en el pensamiento y en el lenguaje latinos manteniéndose activa hasta en la escolástica. Al lado de ello se encuentra otra enseñanza cristiana muy importante, como es la de la Trinidad, ya que esta se refiere a la de las tres personas divinas, que se entienden como unidad y como trinidad, como creador y padre, como redentor e hijo y como propagación del Espíritu Santo. Resulta evidente que la formación del concepto de persona en el pensamiento actual no está determinada exclusivamente por la historia conceptual que acabamos de esbozar, sino sobre todo también por la lenta creación de nuevas formas sociales de ciudad y estado en esa época de consolidación que coincide con la invasión de los bárbaros. En la baja Edad Media fue sobre todo el ejemplo inglés de la “Free Bill” el que fortaleció la dimensión social del concepto de persona. Y también Lutero obró en la misma dirección. Fue él quien unió de la forma más estrecha el concepto de persona con el de “fides”, exigencia de fe, y, consecuentemente, con el papel que desempeña la conciencia, pero no desde luego en el concepto teórico de conciencia de sí mismo. Eso es algo que demostró Ebeling, con sus estudios sobre Lutero. Precisamente por eso resulta todavía más llamativo que haya podido imponerse en el ámbito del lenguaje conceptual filosófico el cambio conceptual descrito desde la sustancia al concepto moderno de subjetividad. Tanto en Descartes como en Leibniz y John Locke, el concepto de persona aparece definido por medio del concepto reflexivo de conciencia, sin que el otro aparezca ni siquiera en escena. Aquí fue la filosofía de Kant la que señaló en la época de la Revolución Francesa nuevos caminos al poner por encima de la subjetividad de la conciencia de sí mismo la libertad de la personalidad y la cordura que le es propia. Y es también aquí donde se llega por primera vez al concepto político de sujeto en tanto “subdito”, lo cual mostró después también sus consecuencias en la discusión teológica. El concepto de persona se vio actualizado de nuevo tanto en la tradición luterana por medio de Schleiermacher como a través de la recuperación de la tradición tomista dentro de la filosofía católica de nuestro siglo. Schleiermacher acuño el concepto cuasi de combate de “personalismo”, con el que pretendía vencer todas las tendencias panteístas dentro de la teología de la trinidad. Lo mismo se puede decir de la entrada del personalismo en la filosofía católica de nuestro siglo, especialmente en cuanto a la influencia que ejerció Max Scheler y la fructífera diferenciación que estableció entre el ámbito íntimo de la persona y su función social, la cual introdujo en el análisis filosófico. Que a partir de aquí se pudiera reinterpretar de nuevo en ambas confesiones el concepto cristiano de amor, y especialmente en lo que toca a la tercera persona, es algo que resulta evidente.

Posteriormente, y una vez que hubo abandonado la comprensión reflexiva trascendental a la que se había aferrado todavía en Ser y tiempo, Heidegger se alejó de forma aún más decidida de la dimensión de la subjetividad y de la estructura del cuidado del Dasein, eliminando, después de su “vuelta” [Kehre], incluso el concepto de comprensión y el de hermenéutica de sus proyectos de pensamiento. Es aquí donde arrancan mis propios trabajos, que, orientados, por el tema del lenguaje y por la primacía de la conversación, aparecen perfilados en cuanto a la problemática de la que se ocupan en la tercera parte de Verdad y método. Quien piensa el “lenguaje” se sitúa siempre ya en un más allá de la subjetividad.

Hans-George Gadamer

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