Saltar al contenido.

Gitanos y judíos

15 julio 2008

Gitanos y judíos están hermanados por su origen. Ambos pueblos han vivido durante siglos sin tierra en Europa, dispersados, discriminados en todas partes a causa de su diferencia, expulsados una vez tras otra y en búsqueda de nuevos nichos espaciales y comerciales para seguir existiendo. En la sociedad moderna con su igualdad de derechos que sólo fue garantizada para aquellos que estaban dispuestos a hacerse iguales, se les planteó a ambos el problema de una integración que presupone la adecuación, el abandono de la tradición y la identidad propias. Los nazis, que atribuyeron la diferencia a una determinación racial, los desembarazaron de este problema mediante la solución final de la aniquilación física. ¿Cuál es ahora, ya pasada la pesadilla, la situación de los supervivientes?

[…] Para ellos, los gitanos, la pesadilla no ha acabado. […] El que sólo se fija en la posibilidad de una discriminación latente de una minoría concreta, está ciego para la abierta discriminación que amenaza a otras minorías ahí donde realmente sucede hoy en día entre nosotros. A fin de cuentas, el antisemitismo es sólo una manifestación posible de una enfermedad más profunda que consiste en la incapacidad de conformar la conciencia de la propia identidad colectiva sin despreciar otras identidades culturales y nacionales, llegando hasta la negación de la humanidad de los otros. […] aún hoy día, los gitanos, en comparación con otras minorías nacionales son el objetivo de los prejuicios. […] Los gitanos no son designados como infrahumanos, pero sí que son percibidos y tratados como tales.

[…] En relación con ellos, se pone de manifiesto que existe en la mentalidad e incluso en parte en la legislación una continuidad entre la época del káiser, la República de Weimar, el Tercer Reich y la actualidad, que se expresa ejemplarmente en una frase que forma parte de una sentencia del Tribunal Federal Supremo en 1956: «Las medidas adoptadas por las autoridades nacionalsocialistas contra los gitanos tras 1933 no se distinguen en absoluto de otras acciones similares ocurridas antes de 1933 en la lucha contra los desórdenes provocados por los gitanos».

[…] la superación del pasado ya no es pensable como un acto de delimitación en relación con algo pasado, sino únicamente como superación del presente que nos concierne a todos. Las categorías de culpa y pecado son claramente estériles pues están orientadas hacia el pasado, […] En relación con los gitanos es más claramente reconocible que en otros contextos que los excesos de los nazis sólo eran una escalada de la disposición espiritual presente ya antes de 1933 y en la que aún nos encontramos en la actualidad. Empezando por no-querer-tener-nada-que-ver con una minoría cuyos derechos no son representados por ningún otro Estado y que en caso de necesidad ni siquiera pueden ser deportados a su propio país, pasando por su confinamiento y desplazamiento forzosos, hasta llegar al campo de concentración hay en cada caso un paso de extrema gravedad, pero a fin de cuentas se trata sólo de un paso.

Desde nuestra propia perspectiva, el problema de los gitanos sólo tiene que ver secundariamente con el futuro de los gitanos (algo que en última instancia está en sus manos). Nos preocupa en primer lugar cuál es nuestro deber. Sólo es en segunda instancia un problema jurídico que no se puede resolver ni jurídica ni administrativamente, pues en primera línea es un problema que concierne a nuestro comportamiento social. El prejuicio de que los gitanos son asociales sólo es reflejo de nuestras propias formas de vida asociales: los llamamos asociales porque no se quieren adaptar a nuestra sociedad del esfuerzo en la que se aísla a los individuos. No basta con una reflexión meramente caritativa que, por amor a los gitanos, cambie nuestra opinión de ellos, pues eso los volvería a convertir en objetos. Sólo se acabaría con la maldición si dejáramos de presuponer que nuestra forma de vida debe valer de manera no cuestionable como patrón; si ya no tuviéramos que reprimir en nuestra conciencialos aspectos insatisfactorios y asociales de nuestra forma de vida; si el lugar del miedo al contacto fuera ocupado por una necesidad de contacto con personas que viven de otra manera.

Ernst Tugendhat (1979)

Anuncios

From → muerte, vida viva

One Comment
  1. Santiago Mercado permalink

    Tugendhat señala, sin llegar a decirlo, el origen de la naturaleza asocial de nuestro comportamiento en sociedad: el de una vida dirigida a la explotación de la fuerza de trabajo por encima de cualquier otra finalidad, encadenada mediante una ética del trabajo y una meritoria cultura del esfuerzo que favorecen, en primera instancia, a aquellos que detentan la propiedad de los medios de producción y dejan a los demás -es decir, a la inmensa masa de productores-, en una vida vivida en el nihilismo, apoyada en la indigencia de la falta de una satisfacción surgida del deseo propio, esclavizada al miedo al otro y a cualquier mínimo cambio, pues es una vida que no se deja de percibir como arrancada de préstamo a la muerte o a la esclavitud.

    En este contexto, el gitano o el emigrante son el lado fantasmático de “lo real” mismo de nuestra propia existencia, un “real” insoportable y que debe ser rechazado, incluso de forma violenta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: